Nos levantamos relativamente pronto ya para irnos a buscar la Puja guest house, que con la luz del día ya sería más fácil. Dejamos las mochilas en el hotel y luego si encontrábamos habitación volveríamos a buscarlas. Como ya sabíamos el camino, fue fácil llegar a la pensión, y por suerte tenían habitación con A/C un poco más barata que la del hotel de la noche anterior.
En la terraza tenían el restaurante, con unas vistas maravillosas de la ciudad, realmente era el edificio más alto de todos los alrededores. Claro que nos quedábamos, además la habitación estaba bien. Pagamos la mitad por adelantado (serían dos noches) y completando el Libro Gordo de Petete llegó el señor de la noche anterior (el de la linterna). Le ofrecimos nuestras disculpas por haber desconfiado de él y todo OK.
A la tarde nos fuimos a recorrer los ghats (se podría traducir como muelles) de la ciudad, que son el punto neurálgico de Varanasi. Caminamos, miramos, sacamos fotos, y piramos por un rato hasta que nos encontró un señor muy amable que (sin querer dinero) comenzó a explicarnos un montón de cosas relativamente interesantes. Con él fuimos caminando hasta el Manikarnika Ghat, en alguna manera el más impresionante de todos. Aquí es donde se hacen casi todas las cremaciones de la ciudad, constantemente están llegando cuerpos para quemarse, son unos 200 o 300 al día (día y noche, en realidad). Subimos a un edificio semiabandonado, y desde la terraza pudimos ver casi la ceremonia completa de la cremación. Vimos como, cuando termina de quemarse el cuerpo, y solo quedan cenizas, el hijo mayor del difunto (de espaldas a las cenizas) tira hacia atrás un pote con agua (me imagino del Ganges). Ésto, nos explicaba el señor, significa el quiebre de la relación con el familiar, sin mirar atrás. En el edificio vivía una anciana que al parecer solo estaba esperando la muerte e intentando juntar dinero para poderse pagar la madera de la cremación. El kilo de madera cuesta unas Rs. 100 más o menos, dependiendo de la calidad, y se necesitan unos 300Kg para que el cuerpo se queme completamente. O sea, muy caro para un indio cualquiera. Al salir la señora nos llamó y nos dió sus bendiciones (a nosotros, nuestros padres, hermanos, etc, etc), tras lo cual desembolsamos algunas rupias, claro, como siempre.
Hacía solo una hora que conocíamos al señor, pero ya sabíamos un montón de cosas de él (unas de la más importantes, que era el nombre, no lo pude retener). Éste mes trabajaba por las noches y por eso de día andaba por ahí dando vueltas y hablando con la gente. Trabajaba en un fábrica de seda, como medio Varanasi creo, y solo le pagaban Rs. 3000 al mes (55€), aunque cuando comenzó hace unos años solo eran Rs. 300. Fue uno de las pocos indios que conocimos en el viaje que no nos pidió dinero, ni directa ni indirectamente. Nos despedimos de él y a unos 100 metros del ghat vimos un ashram que nos llamó la atención y entramos. Los estudiantes eran muy amables y nos hacían preguntas, y pudimos ver las deidades que tenían instaladas (Radha-Krishna). Cuando nos vió el swami (maestro espiritual) del ashram nos hizo llamar con uno de sus discípulos. Tras las preguntas típicas que nos hacía todo el mundo (nacionalidad, cuánto hacía que estábamos en la India, a dónde íbamos, etc) nos preguntó por las religiones
que practicábamos. Por suerte Iván mintió (como yo le tenía aconsejado) y no le dijo que era ateo porque sino habría habido un conflicto (le dijo que era cristiano...). Luego nos ofreció prasadam (alimento ofrecido a las deidades) que lo habían traído de un importante templo en Dwarka (ciudad donde vivió Krishna), que gustosamente aceptamos.
Como Iván quería ver como era una cremación completa volvimos al edificio del Manikarnika. Un intocable (así se presentó) se nos pegó y estuvo un buen rato hablándonos pero como no le dimos dinero al final se fue (muy enfadado). En 20 minutos vimos como llegaban las procesiones de dos difuntos, con las respectivas familias entonando diferentes mantras.
Contentos de haber visto casi todo volvimos, luego de otro paseíto por los ghats, al hotel a ducharnos para ir a cenar. Ésta noche tocaba lujo.
Cogimos un rickshaw. El conductor era un viejo que parecía que se nos moría de un momento a otro, así que teníamos nuestras dudas si llegaríamos. Pero llegamos, y el viejo sobrevivió.
Era un hotel de lujo que servían comidas en la terraza del edificio, con césped y un ambiente muy agradable (aunque no familiar). Sólo estábamos nosotros y luego llegaron una pareja de indios jóvenes modernos. A Iván le gustó mucho lo que pidió. Yo comí solo un arroz (byriani) porque todo el día había estado con problemas estomacales (por la "cena" de la noche anterior). Nos despedimos de los otros chicos para irnos a dormir pronto y así levantarnos a las 5 o así para ver el arati de la mañana en el Ganges.







